Hay días que dedico prácticamente solo a reflexionar. Considero que siempre viene bien echar la mirada atrás y demostrarle al pasado que en el presente eres fuerte, y que esas cosas que sucedieron atrás , atrás quedan.
Pero muchas veces suceden cosas que tardamos en olvidar, o de las que nos damos cuenta tarde que han sucedido. La muerte de una persona querida probablemente sea una de esas cosas que más tardamos en olvidar. Por su ausencia, o por el vacío que causan en nosotros.
Hace ya casi seis años mi abuela nos dejo. Dejó su camino, o mejor dicho, lo terminó. Durante muchos años nos dio su cariño,su ternura, su amor de abuela o su amor de madre. Y no tengo ningún recuerdo malo de ella, porque simplemente nunca daba problemas. Siempre se mantenía al margen y siempre estaba ahí, para correr con la zapatilla en la mano detrás mía cuando hacía alguna travesura típica de un niño, o para abrazarme cada vez que estaba malo, o para darme las buenas noches siempre,todos los días.
Cuando me dieron la noticia de que jamás volvería a verla, una corriente eléctrica de rabia se propagó por todo mi cuerpo. La impotencia de que nos había abandonado, de que ya no estaba y ver que yo no podía hacer nada.
Hoy ha pasado mucho tiempo desde que nos abandonara, pero se que allá donde esté ella se estará acordando de mi, y lo hará sonriendo como lo hago yo cada vez que recuerdo sus abrazos,sus besos y sus pequeños enfados. Me cuesta mucho entender como la vida puede arrebatarte a una persona que no merecía nunca irse de este mundo.
Podrá pasar el tiempo, pero en mi corazón siempre habrá un hueco muy grande guardado para ella. Para todos los momentos que pasé a su lado.
Allí donde esté se que estará protegiéndome, guiándome.
Y mientras yo, desde aquí , seguiré caminando,porque la vida sigue, pero su presencia está junto a mi.
Para siempre
Daniel Huertas
No hay comentarios:
Publicar un comentario